Pan para hoy…

DSC_1171…hambre para mañana… ¡ja! será en otra casa, porque en la de mi madre el pan de hoy es para mañana, y hoy nos comemos el de ayer… ¿eh? ¿cómo os quedáis? Que sí, que mi madre se come el pan correoso del día anterior, para dejar el pan recién hecho y crujiente para comérselo duro y desmigado al día siguiente. Incluso le he dado un nombre a esta extraña forma de actuar (también lo hace mi abuela, porque de casta le viene al galgo. He visto tintes de este comportamiento también en mi suegra): «Economía de Post-guerra». Porque lo que siempre le digo es: «pero mamá, no te comas el pan duro» ella contesta: «por si no queda para la cena» y mi respuesta: «pues siempre estarás a tiempo de comerte el pan duro si no queda del bueno, pero será mejor disfrutar de este pan rico y crujiente» y… siempre es el mismo diálogo… imposible convencerla. Parece que quiera dejar «reservas», no sea que venga un terremoto que nos impida ir a por pan (y esto sí que sería una tragedia, para mi por lo menos, que el amor al pan está inculcado y bien inculcado).

DSC_1168Mi madre, que está suscrita a mi blog, estará leyendo esto, moviendo la cabeza y pensando: «ya está con lo del pan hasta por internet» (porque os aseguro que es algo recurrente). Y acabo de hablar con ella por teléfono, he tenido que advertir la esencia de este post (para evitar el mosqueo de la sorpresa) y me dice que escriba: «¡con el pan! anda, ¿qué vas a decir tu que no compras pan? ya quisieras tu muchos días tener pan de ayer, para comer un par de huevos fritos«. Tiene razón, me encanta el pan y nunca compro… y lo echo de menos… (aunque sea duro), y mira que tengo tiendas cerca para comprarlo a la vuelta del trabajo…

Conclusión: No os metáis con la forma de actuar de vuestras madres, ellas saben más. Además, dentro de unos años estaré comiéndome el pan del día anterior, porque tengo que decir que hace bien poco he usado con mi hija la frase que utilizaba mi madre conmigo: «¡Ah! ¡ahora te duele la cabeza! ¡cuando estabas viendo la tele, estabas como una rosa! y ahora que digo que recojas, ¡te duele todo!«. De ahí a la «Economía de Post-guerra»… hay un paso. Añado que pienso que buena parte del recorrido de la maternidad, está en los pasos que ha dado tu madre antes que tú.

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Las fotos… las tenía en el móvil desde Semana Santa, son tan bonitas…  😉

¡Feliz semana!

 

 

La batalla

Cuando hayas logrado levantarte una y otra vez, con sangre en las rodillas, con sudor en la frente y raspones en los codos.

Cuando después de una semana, hayas conseguido no dar tu brazo a torcer, no caerte, saber dominar a la bestia y moverte con independencia y libertad por donde deseas. Cuando hayas logrado arrastrar a tus seres queridos al campo de batalla para lograr contigo la victoria, con su apoyo incondicional.

Cuando te hayan organizado un auténtico triunfo por haber ganado la batalla, por tu esfuerzo, tu tesón, tu empeño, tu optimismo y tus ganas de luchar.

Cuando lo único que se escuche en 100 kilómetros a la redonda sea el bramido de la victoria. Entonces, y sólo entonces, podrás gritar a los cuatro vientos: ¡ya sé montar en la bici sin ruedines!

bici (1)

Ya, ya… exagero, lo sé, pero este verano mis dos mayores han aprendido a montar en bicicleta y están que no se lo creen (y nosotros también, salimos todos los días y nos estamos poniendo en forma con la tontería. Incluso hoy que hemos empezado a currar, hemos salido con las bicis). Además me estoy leyendo un libro sobre Trajano («Los asesinos del Emperador» de Santiago Posteguillo) y estoy obsesionada con las arengas militares, no hago más que repetirme: «¡muerte o victoria!» 😉

¡Feliz semana!

 

La crisis agudiza el ingenio

He vuelto, ¡por fin! Llevo semanas desconectada por un puñetero cable que le faltaba a mi ordenador. Hoy por fin ha llegado y… me he tirado una hora leyendo blogs y poniéndome al día.

Llevo tiempo con una entrada escrita (a mano) en relación a la crisis, la maternidad y el ingenio. Y todo me lo inspiró mi hija mayor que, harta de pedirme unas zapatillas con ruedas (que no sé para qué tanta rueda, si ya tiene unos patines, pero bueno…) decidió apañarse, como podéis observar en la foto:

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Pues sí, son piezas de LEGO y gomas. Tan contenta iba ella con sus zapatos con ruedas. Últimamente le digo de vez en cuando que: «que somos una familia grande«, «eso es muy caro«… Y la pobre, no podía esperar a que vinieran los Reyes, que aún quedan muchos meses.

Y es que en época de crisis el ingenio hace de las suyas, porque la necesidad acucia y eso se nota. Ya no te cuento si se combina con la maternidad (por desgracia, ambas realidades – paro y maternidad – suelen ir de la mano).
Y ya sé que España no es un país para emprender, que no estamos hechos al fracaso (que conlleva la mayoría de los negocios) y que te fríen a impuestos. Pero creo que poco a poco estas cosas irán cambiando y, como siempre, a base de emprendedores dispuestos a abrir el camino.
Sólo voy a hacer una mención al CIRCE, porque una amiga mía que se ha dado de alta hace poco, me enseñó sus papeles y lo había hecho a través de la ventanilla única de este portal, que me pareció un avance (pinchar aquí) y quedo pendiente de escribir una entrada más amplia sobre el emprendimiento.
¡Feliz semana!

Instrucciones para hacer una coleta

Sí, una coleta. Es el gran desconocido para la mayoría de hombres que conozco. Empezando por mi marido y siguiendo por amigos varios. Creo que los hombres tienen complicado enfrentarse a ese monstruo que es el pelo de sus hijas pequeñas. Y conozco algunos con capacidades sobradas para construir un puente, arreglar coches, hacer mesas, pero… se sienten incapaces a la hora de recoger los cuatro pelos de sus hijas. Alguna vez os he mencionado que el truco de mi marido es poner una diadema. No está mal, pero: pelo suelto + cole = piojos. Otros trucos que he oído: «la profesora es quien peina a mi enana, tenemos un trato«, «mi mujer se fue una semana y no le deshice la coleta, me sentía incapaz«. Estas y otras frases se tienen que acabar. Creo que la conciliación pasa por perder el miedo a ciertas cosas: peinar, planchar y limpiar (entre otras).

Para iniciarnos en el arte coletero, vayamos paso a paso, os aseguro que hacer una coleta es una auténtica chorrada, todo es ponerse ante el monstruo y dominarlo (como haríamos ante cualquier otro gran reto que nos propusiera la naturaleza):

materiales coletaMateriales: cepillo, goma de pelo y yo utilizo un spray con agua, porque me gusta el efecto «repeinado» (a gusto del consumidor).

Consejo FUNDAMENTAL (en mayúsculas, son gritos): el pelo hay que cepillarlo. Explicación: los nudos del pelo no ayudan. Yo lo mojo y cepillo en mano empieza la lucha. Sin este paso FUNDAMENTAL (en mayúsculas, son gritos) no se consigue «ná de ná«.

Una vez desenredado, se recoge el pelo con una mano. En este momento tienes una mano libre, que es con la que enrollaremos la goma. El hueco central de la goma está pensado para meter todo el pelo en el interior. Ahora es momento de enrollar, y se trata de ir haciendo circunferencias, cada vez de menor tamaño, e ir metiendo el pelo, requiere una mínima pericia, no superior a la indispensable para colgar un cuadro, cambiar una bombilla o cualquier otra tarea sencilla que se os ocurra. He buscado algún vídeo explicativo en Youtube, pero no hay para principiantes, y hacer una coleta invertida me parece para un nivel superior. Me he decidido a grabarlo yo misma (la que peina es mi hermana) con una muñeca (no teníamos hija disponible en este momento), pinchad aquí.

Aseguro que es fácil. Yo soy capaz de hacer coletas, y soy la persona más torpe que conozco, tengo la visión espacial atrofiada y no sé leer un mapa (ni el google maps, algún día os contaré mi última «aventura»).

Espero que haya sido útil, ya me contaréis qué tal. Algún día, haré un tutorial de cómo se hace una trenza, pero eso es para alumnos aventajados.

 

 

 

¡También existe!

baja paternidad 2La baja por paternidad ¡también existe! aunque hay a quien se le olvida (para refrescar la memoria, pinchar aquí).

Y es que hay cosas que me exasperan y me ponen de los nervios, frases como: «no, es que en la empresa de mi marido no está bien visto que se cojan la baja por paternidad» y eso significa que la madre no tiene el «privilegio» de contar con la ayuda paterna, porque a alguien se le ha puesto en las narices que no quiere cumplir con la ley. Y aquí yo creo que el problema es:

Primero de la empresa: porque se tienen que favorecer estas bajas de 15 días. Los embarazos duran 9 meses, y una vez anunciado el evento, creo que hay tiempo más que de sobra para planificar.

Segundo del padre: de nada sirve que las mujeres hagamos valer nuestros derechos si ellos no hacen su parte. Los hombres también tienen que luchar por todo aquello que beneficie a su familia, es parte de la lucha por la igualdad de derechos y oportunidades. Vale que nosotras parimos y nos toca la parte «física» (parto, lactancia, etc.) Pero creo que el padre es una ayuda inestimable, sobre todo en los primeros días.
Y quince días no es nada, pero yo he vivido un parto con una baja por paternidad de dos días (que encima di a luz en domingo, y el martes mi marido se tuvo que ir a currar) y siempre me ha fastidiado esa política de que-te-cuide-tu-madre. Cuando aprobaron los quince días de baja, pensé que era poco pero ¡menos da una piedra! Y, aún así, resulta que hay gente que trabaja en empresas grandes (con personal suficiente para suplir bajas) y está mal visto que los hombres tengan sus 15 días de paternidad…

baja paternidad 3En fin… y de reducción de jornada del padre ni hablamos… Conozco pocos hombres (por no decir ninguno, aunque navegando me he encontrado con este, ¡genial!) que tengan este tipo de reducción, o que se les pase por la cabeza solicitarla. Pero se puede solicitar por el padre, la madre o los dos a la vez. Es un derecho individual de los trabajadores y el padre la puede disfrutar incluso si la madre no trabaja (más información aquí)

Bueno, ¿y las fotos? estoy en modo madre-reivindicativa, que es chungo, así que las fotos son de los alrededores de Campo de Criptana, tomadas desde mi coche. En una se ven a lo lejos los Molinos, ¿o son gigantes? (algo me parecía que tenía que ver con este post 🙂 )

¡Feliz semana!

Escríbeme un cuento

¡Feliz Pascua! Ya se han terminado las vacaciones de Semana Santa (¡qué pena!) y vuelvo a conectarme, que he estado todos estos días sin internet y con tecnología la justa. Hemos estado en plan rural (vamos, que hemos ido al pueblo) pero antes de irnos, una tarde que teníamos aburrida, se me ocurrió escribir un libro con los niños. Y fue una idea graciosa, íbamos escribiendo en el ordenador (la mayor y yo, los pequeños pululaban alrededor). El protagonista es el mediano y las ilustraciones de mi hija (yo pinto fatal).
No os imagináis su cara cuando quedó terminado, ha sido una experiencia genial. Alguna cosa hubo que cambiar (censura por parte del protagonista, que un momento dado dije que le herían en el hombro y se puso a llorar: «¡no quiero que el malo me haga daño!»). Os lo dejo aquí, espero que os guste:

MARCOS EL CABALLERO MUSICAL

Escrito por Julia Rubio y Maribel Peña (Marcos y Miguel Rubio como colaboradores)
Ilustraciones: Julia Rubio

MARCOS EL CABALLERO MUSICAL:

caballeroHabía una vez un mundo de caballeros. No eran caballeros normales, sino con notas musicales en la armadura. Cada uno era distinto, con notas de muchos colores. Todos eran muy coloridos, menos uno… era un caballero que tenía una armadura negra de notas graves, que se llamaba Nefastus.
Nefastus era un caballero muy malo, al que no le gustaban las normas que imponía la Reina Clave de Sol.

Marcos era un caballero musical de color azul y verde, al que le encantaba vivir en una partitura tan divertida como la Marcha Radetzky. Pero Nefastus no pensaba lo mismo, prefería vivir sin que nadie le dijera qué nota era y no quería tocar ninguna melodía.
Un día, la reina Sol fue secuestrada por Nefastus. Nadie sabía dónde se la había llevado, y estaban todos perdidos en un pentagrama sin Clave de Sol.

Pero Marcos, decidido a encontrar a la Reina, empezó a entrenarse con los maestros Trompetilla y Violinete. Ambos eran expertos en utilizar la espada musical y ayudarse con los silencios como escudo. Para ello, tuvo que trasladarse de su partitura a otra, la de la Walkirias de Wagner, donde le enseñaron a luchar con el arco de Violinete como espada.
Después de unos días de entrenamiento el caballero Marcos ya estaba preparado para buscar a la Reina, luchar contra Nefastus y salvar su partitura para siempre. Era el mes de octubre, y para el mes de diciembre la partitura de la marcha Radetzky, tenía que estar preparada para el concierto de Año Nuevo.
nefastusEra un poco complicado saber en qué partitura se había escondido Nefastus, probablemente estaba pasando de una a otra, haciendo a la Reina que quitara las claves de sol de todas las partituras, para convertir el mundo de la música en un caos total.
La primera partitura que visitó fue el Cascanueces, de Tchaickovsky. Allí una dama semifusa de color rosa, le explicó que había sido horrible perderse por el paso de Nefastus. Ella ya no sabía cuál era su sitio en el pentagrama, y era una pena que el Ballet se hubiera quedado sin su música, para la próxima representación.

semifusaTambién pasó por Carmina Burana, por La Primavera de Vivaldi, todos desolados, con notas desvalidas y destrozadas, sin saber dónde ir…

Pero… ¿dónde estaba Nefastus? En la Primavera, un caballero rojo, le dijo que vio a Nefastus dirigirse hacia el Invierno, tirando de la Reina a la que no paraba de gritar.
Y allí, nuestro caballero musical se encontró con Nefastus cara a cara. Lucharon durante varios compases. Pero, finalmente, las enseñanzas de Violinete y Trompetilla le permitieron zafarse, asestarle un golpe mortal con el arco, echarle de la partitura del Invierno de Vivaldi y salvar a la Reina Clave de Sol.
De camino a casa, Marcos y la Reina fueron colocando las claves de sol en todas las partituras, y por supuesto en la Marcha Radetzy que, como todos los años, estaba preparada para el primer gran concierto del año.

FIN

Peliculera

Bueno, ya estoy de vuelta con mis fotos sin sentido (bueno… algo de sentido tienen, luego os explico) y con una de mis confesiones: ¡soy una peliculera! ¡Así de claro!

Pero… ¿qué es eso? pues os explico: me monto películas y la realidad me devuelve una pequeña colleja que me espabila y me recuerda que, a veces, «peliculeo«.

Peliculeras1Os pongo un ejemplo, no muy lejano (bueno, un poco… pero para mi memoria por fotogramas, es de ayer mismo):

Situación: nuestra protagonista, una joven madre de dos hijos – uno de ellos de cuatro meses- tiene una boda en un pueblo de la sierra de Madrid.

Diálogo entre los protagonistas:

Madre: «¡Mira qué bien! una boda en la sierra. Va a ser nuestra primera salida desde que di a luz»

Padre: «Pues sí» (no dice mucho más, porque la boda le apetece nada y menos. Es de una amiga de la madre, que conoció en Londres, y en la mesa más de la mitad de los comensales no hablan español).

Pensamiento de la madre (voz en off): «creo que ha pillado la indirecta, seguro que ya se ha dado cuenta de que para un fin de semana que tenemos… Y como es en la sierra y por la noche, los niños se tienen que quedar con mi madre y claro… una casa rural fijo, para pasar el fin de semana»

Durante la semana anterior la madre detecta «movimientos sospechosos» de su pareja, claras muestras de estar preparando la sorpresa del siglo: «parece que mira el ordenador a escondidas, estará cogiendo algo por internet«. Las permanentes insinuaciones de la fémina, parecen tener respuesta positiva en cónyuge:

Madre: «pues se acerca la boda… ya he hablado con mi madre para que se quede los niños el fin de semana» (voz en off: aunque ya supongo que te habrás anticipado y habrás hablado con ella, para que se quede con los enanos sin poner pegas y así montar tu sorpresa)

Padre: «Ah, genial!!»

peliculera3Llega el esperado día de la boda, estoy a punto de preparar la maleta y entonces me dice mi marido: «oye, que he pensado que nos volvamos directamente de la boda a casa de tu madre, para que no tenga que estar toda la noche con los niños…«

¿QUÉEEEEEEEEEE? ¡¡¡¡¡¡MOOOOOOOOVIRECORD, chanchanchanchanchanchanrarararantantantarán!!!!!!!

Anda peliculera, si te quieres ir de fin de semana con tu marido, lo organizas tu ¡¡y tan contenta!! 😉

Peliculera2Por cierto, la explicación de las fotos (alguna relación tiene con las películas): una foto de un andamio cubierto por una lona del Rey León (que aunque es una obra de teatro, también hay peli), el dibujo de Frozen (que es una película) hecho por mi hija (Elsa, Anna, Olaf y un Trol), y por último, una enigmática foto… la hice desde el avión cuando iba a Suecia, y se me olvidó ponerla en la entrada sobre Estocolmo, así que aquí que la planto ¡¡qué me encanta!!

 

¡De vuelta!

Hace dos semanas que volví de Estocolmo, y me ha costado volver a pillar el ritmo. Os tenía que contar qué tal esta semana sin niños, en Suecia y trabajando. Empiezo con un resumen: he echado de menos a la familia más de lo que esperaba, he trabajado más de lo que esperaba y no ha hecho tanto frío como esperaba.

Estocolmo5Estocolmo es una ciudad preciosa, además hemos tenido mucha suerte con el tiempo (durante la semana 10-12º, el sábado vimos nevar y tuvimos ya una temperatura de -1º, podíamos decir que en Estocolmo en marzo ¡hace frío!). Es pequeña, y se pueden dar largos paseos por sus rincones encantadores. Además, compramos una tarjeta de transporte de 7 días (que nos costó 320 SEK) y fue una gran idea, porque nos movimos en autobús, tranvía o metro, cuando los pies ya no podían más…

Me pareció además una ciudad ideal para ir con niños, hay poco tráfico en el centro (el aparcamiento es carísimo y la gente entra a trabajar en transporte público o bicicleta), es muy accesible y vi que en todos los restaurantes y cafeterías había tronas para los enanos.

Nuestro hotel era barato (para Estocolmo. Os dejo aquí el enlace) y teníamos baño propio (en nuestra habitación, las demás lo tenían compartido). Además estaba en el centro y el desayuno era muy bueno, para ser un hotel de tres estrellas. En la ciudad, que está formada por distintas islas, hay un serio problema de espacio. Estuvimos de visitantes en KTH, una Escuela de Ingenieros con 10.000 alumnos, y nos comentaron que los estudiantes tenían que esperar una media de 5 años para conseguir un piso (la mayoría habían terminado cuando les tocaba). El problema de espacio es tal, que tienen el columbario más grande de Europa (a la gente al incineran, que los ataúdes ocupan demasiado).

Pensé que los suecos iban a ser más fríos en el trato, pero ha sido todo lo contrario. La persona con la que contactamos en la Universidad, vino a buscarnos el primer día al hotel para llevarnos paseando por la ciudad. Al vernos, nos dio un abrazo y parecía que nos conocía de toda la vida. Nos fue enseñando rincones a los que debíamos ir, dónde podíamos comprar, parques maravillosos… El paseo mereció la pena (a toda caña, porque andaba que se las pelaba. Luego nos explicó que los suecos van rápido por el frío).

Estábamos en la Escuela hasta las 15:30 y después el turismo se hacía complicado, porque a esa hora los edificios estaban cerrados. Pero paseamos por Gamla Stan, por sus callejuelas, con sus preciosos edificios, el Palacio Real (vimos un mini-cambio de guardia), el Puerto, y de ahí a Södermalm (isla del Sur) que tiene un maravilloso mirador desde el que se ve todo Estocolmo. Y de vuelta a Norrmalm (la isla donde estaba nuestro hotel).Estocolmo3

Para cenar, nos tiramos media semana buscando un restaurante típico sueco, y llegamos a la conclusión de que no existía. Preguntamos a nuestra «guía» por algún sitio y cuál era la comida típica sueca. La respuesta fue graciosa: «en Suecia no hay comida típica. Si acaso alguna comida muy fuerte y asquerosa que se come en el norte del país» aunque, con respecto iba pasando el día nos fue diciendo platos y pudimos degustar algunos de ellos: los jueves, es tradición tomar una sopa de guisantes amarillos y de postre una especie de crepes con nata y mermelada (ärtsoppa och pannkakor). Nos encantó, la sopa nos recordó al cocido y el postre era una maravilla. Por supuesto, preguntamos por las albóndigas, y nos dijo que no eran típicas suecas, que las trajeron los turcos. También nos invitó un día a cenar a su casa y preparó un rollo de carne con puré de patatas… Nos hizo gracia porque decía: «Me habéis hecho recordar una receta que tenía olvidada» (y que también era típica sueca 🙂 ).

Estocolmo4El sábado fue el día del Vasa Museet (el Museo Vasa). El Vasa fue un buque de guerra enorme que se hundió el 10 de agosto de 1628, nada más zarpar. El barco se reflotó entero y está en este museo, aquí sí que eché de menos a mis niños, porque les habría encantado. Pasear por Djurgården merece la pena, es una isla plagada de museos (uno de ellos el de ABBA, no entramos porque nos parecía un poco caro, pero nos dijeron que era muy divertido). Además hay un tranvía que cruza la isla, y después de patearnos los caminos nos subimos y disfrutamos de las vistas.

Nos dejamos sin ver el Museo Nobel, pero no dio tiempo.

Os recomiendo Estocolmo, mejor en primavera-verano (de mayo a primeros de julio). Si algún día me lo puedo permitir, volveré con la familia.

¡Buen fin de semana!

Estocolmo1

 

 

 

 

¡A por el Premio Nobel!

cuello2¡Es un momento emocionante!¡ya llegó! ¡me voy una semana a Estocolmo! Y ya os contaré, porque llevo unas semanas de locura y no he preparado mucho el viaje. Pero voy con una compañera de trabajo, que ha podido hacer sus deberes durante una pequeña convalecencia (que pensé que nos iba a impedir ir juntas).

Ya tenemos claro que la temperatura ronda los 7º de máxima y he recopilado ropa de abrigo de mis hermanas (no sé si cabrá todo en la maleta, pero bueno…). Por eso os pongo a lo largo del post los cuellos que he hecho para llevarme, también uno para mi hija (¡esta semana me ha dado por la lana!).

Por supuesto todo el mundo hace la misma pregunta: «¿y qué haces con los niños?» pues hombre, ¿qué voy a hacer? dejarles obviamente abandonados, y que el lunes se vayan por su cuenta al cole, se preparen la comida y que vayan creciendo, que con 7, 5 y 3 años, ¡ya va siendo hora!

cuello1Vamos a ver… ¡SE QUEDAN CON MI MARIDO! una semanita disfrutando de papá, no les viene nada mal. Además a ellos les encanta que les vaya a buscar su padre al cole, que en su coche, mucho más pequeño que el mío, van felices de la vida. La gente me mira con desconfianza, como pensando: «¡anda, que cómo te lo montas!» jajaja, pues sí, mi marido es un auténtico santo (y yo también, ¿eh? ¡aunque no lo parezca!) y los parientes y amigos le han brindado su apoyo incondicional para sobrevivir esta semana «de locura«. Cuando llegue el próximo domingo, seguramente todo habrá ido rodado (como casi siempre), seguramente habrán pasado momentos muy buenos, momentos buenos y otros malos y por supuesto, me habrán echado un montón de menos (yo ya estoy sollozando por las esquinas y ¡aún no me he ido!).

cuello3Por el momento, preparando la maleta, mañana al aeropuerto a las 11 (¡llevo ocho años sin coger un avión!) y a mi semana de vacaciones (que no lo son tal cual, porque en realidad vamos allí a conocer el funcionamiento de una empresa sueca, a ver si nos enseñan algo 🙂 ), pero eso de levantarme a las 7, ducharme y salir de casa… y punto, para mi ¡son vacaciones!

Os contaré a la vuelta qué tal por allí.

Que paséis una buenísima semana y disfrutéis.

¡Nos leemos a la vuelta!

 

 

¿Cómo te llamas?

Ya os he comentado que mi tercer hijo es una versión mejorada (versión 3.0), y está espabilado a tope. El jueves pasado, volvió a darme muestras del «espabile» que le caracteriza, lo vivimos en el pediatra. Teníamos hora para la mayor, y tuvimos que ir todos, porque no tenía con quien dejar a los dos pequeños.

el pequeñoTeníamos hora a las 19:25, y llegamos puntuales. Nos tocó esperar y para entretener el momento, empezamos jugando al «veo veo». Los dos mayores saben leer y saben jugar, pero cuando le toca al pequeño nos partimos:

«Veo veo»

«¿Qué ves?»

«Una cosita»

«¿De qué color es?»

«Azul fuerte»

«¿Porqué letrita?» (esta es una pregunta tonta, porque no sabe cómo se escribe ninguna palabra, pero bueno… es el juego, y si no dices todas las frases, no les mola)

«Empieza con la letrita W» (nada más y nada menos, siempre dice letras raras: K, W… no me digáis porqué)

Y su hermana mayor, que se conoce el percal dice: ¡Puerta! y el enano piensa un poco, se muerde el labio inferior y dice: «¡SÍ PUERTA!»

Bueno, después de varios «Veo Veo» me dice el enano: «mamá, tengo sed«, momento horrible porque llevamos media hora esperando y ahora no podemos movernos por la puñetera ley de Murphy (me voy y seguro que me llaman).

pequeño 2De vez en cuando me vuelve a decir que tiene sed, y siempre le digo lo mismo: «cuando salgamos del médico, que van a mirar a tu hermana, vamos a la máquina y te compro una botella«. Vale, parece que le he convencido, pero a los cinco minutos repite su petición (y yo me estoy arrepintiendo de haberle dado queso en la merienda).

Nos llaman por fin y entramos, el primero el pequeñajo que se acerca al pediatra y le dice: «eh, señor, quiero agua» el pobre hombre, que no sabe qué hacer me mira y yo le digo: «ni caso, ahora cuando salgamos le compraré una botella«.

Pero el insiste: «ahí hay vasos, y un grifo, quiero agua«. Yo sigo escuchando al pediatra, que me comenta sobre la mayor y finalmente me siento delante suyo, con el pequeño en brazos. Mientras él escribe su receta en el ordenador el enano le pregunta: «¿cómo te llamas?» y el pediatra contesta: «Santiago«. Entonces él va, con todo su morro y le suelta: «Santiago, ¡QUIERO AGUA!» Nos entró la risa, porque este es un listo.

Lo peor es que a la salida, la máquina de agua estaba estropeada y hasta que no llegamos a casa, el pobre no pudo beber.

Llevamos unas noches que jugamos a la oca y para saber a quién toca el primero dice el enano: «en la casa de Pinocho, todos cuentan hasta ocho: uno, dos, tres y cuatro. ¡Esconde la mano que viene la vieja!» 😉 Sin comentarios.

¡Qué tengáis una buena semana!