El DIH (Do It Himself)

En mi casa, mis dedos porcinos me impiden hacer casi ninguna manualidad. Sin embargo mi marido, que es un artista sin explotar, les ha hecho un montón de juguetes a los niños.

Os enseño algunas de sus obras:

Naves espaciales

Naves espaciales para los Playmobil, con sus iniciales

Un armario para la Nancy, que ya lo quisiera yo para mi… (porque esta muñecaja, ¡tiene más vestidos que yo!)

Armario Nancy

La joya de la corona, es un castillo medieval para los caballeros y princesas de nuestros enanos, que les gusta especialmente, ahora está proyectando un palacio de princesas para la mayor:

castillo 2

castillo 1

Y todo esto en un taller improvisado en una chiqui-terraza que tenemos en casa (antes lo hacía en la cocina, ejem…)

Taller

Esto es una pequeña muestra de lo que mi marido es capaz de hacer. Porque puede: trabajar fuera de casa, bañar a los niños, vaciar lavavajillas, levantarse cuatro veces por las noches (oye a los niños antes que yo), hacer desayunos, comidas, cenas y recoger la cocina, cambiar pañales y bañar en serie que da gusto… Pocas veces le he visto dejar de sonreír. Además tiene tiempo de atender mis habituales despistes:

Yo: «¿y mis gafas?»

El: «mira en la entrada, creo que están encima del mueble»

Y así hasta infinito…

Muchas veces me preguntan: ¿Cómo puedes?, o yo me pregunto: ¿Cómo puedo seguir siendo la misma?… y la respuesta, es muy sencilla: ¡GRACIAS A MI MARIDO!

Sirva este post de homenaje.

 

La hormiga y la pluma

Esta hormiga nos la encontramos mi hija y yo en el parque. Y llevaba una pluma de paloma a cuestas, que supongo que sería como si yo decido llevarme a mi casa un sofá cargado a la espalda. Me imagino la cara de sus compis de hormiguero, cuando apareciera con semejante armatoste: «pero… ¿dónde vas alma de cántaro?«. Pues nuestra amiga la hormiga, haría oídos sordos, y se llevaría la pluma a un aparte, y luego se acostaría sobre ella tan contenta y calentita.Hormiga y pluma

Pues eso nos pasa a nosotras muchas veces, cuando nos «echamos al coleto» más de lo que podemos (suele pasar cuando te conviertes en madre) y sigues adelante, y a veces miras atrás y piensas: «pero… ¿cómo lo he logrado?«.

Supongo que en el camino, nuestra hormiga las pasaría canutas. Que se pararía a descansar veinte mil veces. Que tendría que tomar aire y respirar. También nosotras, muchas veces tenemos que parar, respirar, gritar, llorar, reír, y lo que haga falta… pero seguimos adelante con nuestra pluma.

Al final del camino, ya en el calor de su hormiguero, nuestra hormiguita estará encantada de la vida con su pluma, y se reirá de los problemas que ha pasado por el camino. Por fin descansa contenta y satisfecha…Y ya vendrá el invierno, el frío y los malos momentos… pero ella estará encantada, en su cama de plumas, ¡que se lo ha ganado!

¡Aquí mando yo!

Trabajar desde casa es la salida para muchas madres. Yo fui autónoma durante los primeros años de vida de mi hijo mediano, y os puedo contar un poco la experiencia:

pájaros cristal

El principio de la historia es el porqué me hice autónoma, y la decisión no fue ni muchísimo menos propia. En la empresa en la que yo trabajaba, pagaban literalmente una porquería, y si querías ganar algo decente, tenías que darte de alta como autónomo. Luego, como podéis comprobar, es un puro engaño que tiene un nombre: «falso autónomo»; dejan de cotizar por ti y te pagan 200 € mas al mes, que tu a su vez cotizas por ti mismo… vamos, un negocio redondo para la empresa, que se ahorra tu cotización y te hace currar tanto (o más) que antes. Además, cuando me «sugirieron» que me diera de alta como autónomo, yo estaba embarazada de seis meses.

Pero… me hicieron un favor, porque me di de alta, pero a los dos días fui a mi jefe y le dije: «como soy trabajadora por mi cuenta, desde mañana trabajaré en casa, si quieres que vaya a algún cliente, me llamas«. Y así lo hice, empecé a trabajar desde casa, llevando un cliente que me permitía vivir y haciendo trabajos esporádicos para el que había sido mi jefe hasta entonces.

Trabajar desde casa tuvo muchas ventajas: podía llevar a mi hija mayor todos los días a la guardería, no tenía que dar explicaciones a nadie de dónde iba, me organizaba el trabajo a mi aire… Pero la autonomía requiere unas pautas, que en mi opinión son las siguientes:

1) Un horario: aunque no tengas que ir a ninguna oficina, tienes que imponerte un horario. Levantarte, ducharte, sentarte delante del ordenador (o la herramienta de trabajo que tengas) a la hora que hayas establecido, poner un horario para recibir llamadas y hacer que los clientes lo respeten… Suena tonto, pero no es nada sencillo.

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Yo me vi muchos días, al principio, trabajando en pijama y a cualquier hora, y es un error.

Las nuevas tecnologías te permiten estar todo el día enganchada, pero hay que tener un horario, porque te ves contestando e-mails a las cuatro de la madrugada y puede que haya clientes despiertos a esa hora…

2) Acostumbrar a las llamadas a que hay un bebé por ahí: que puede llorar en medio de la conversación, para que no les pille de sorpresa si se da el caso.

3) Las madres autónomas tienen baja maternal, pero es una farsa (por lo menos en mi caso). Hay que hacer malabares muy diversos para conseguir no desconectar del trabajo, porque no hay quién te sustituya y tienes que estar ahí. Aprendes a aprovechar los tiempos que te deja el bebé, pero la verdad es que es un momento duro, donde hay que plantearse si merece la pena. Yo finalmente, lo dejé por esto. Después de cuatro años de autonomía y una baja trabajando, me di cuenta de que no podía seguir así, sobre todo porque hacía algo que tampoco me llenaba del todo.

4) La compañía se echa de menos: yo me iba sola a mi cocina a tomar un café y lo pasaba mal por no tener compis con los que hablar. Estar tu sola tiene muchas ventajas, pero también se echa de menos alguien con quien «comentar la jugada» de vez en cuando.

Si os digo la verdad, ahora me vuelvo a plantear el trabajo por mi cuenta. Pero con otra perspectiva: hacer algo que me apetezca, que tenga tiempo para mi familia, donde no esté sola y no sea insustituible… vamos, que estoy pidiendo la luna, ¡ya lo sé!

La imagen destacada es una foto de mi salpicadero, hoy en Madrid -4º ¡qué frío!

Versión 3.0

Mi hijo pequeño es un Hijo 3.0, es decir, una versión mejorada. Y las mejoras se refieren, fundamentalmente, a que sabe todos los trucos y es más listo que el hambre… está más espabilado que los hermanos, ha sido rápido en aprender a echarle morro y, si sumamos un buen carácter, pues ahí tenemos nuestro Hijo 3.0.

Hoy mismo he tenido con él una anécdota, que nos demuestra lo listo que es (aunque de estas, hay en las tres versiones): los Reyes, ya han comprado los regalos, y el enano había pedido una Tortuga Ninja. Como se llama Miguel, lleva un tiempo diciendo que es Michelangelo, y por tanto los Reyes (que son muy «espabilaos«) han comprado esa Tortuga Ninja en concreto. Pero lleva dos días diciendo que es Leonardo, y claro, todo es inducir a la criatura a que vuelva a ser Michelangelo. Hoy, cuando estaba acostado con la luz apagada y yo le estaba dando las buenas noches hemos mantenido el siguiente diálogo:

– Mamá, soy Leonardo

Y yo, muy bajito, le he susurrado:

– Pues a mi me gusta más Michelangelo.

Y él, con el mismo tono ha dicho:

– Pues a mi me gusta más Leonardo.

Pero el Hijo 3.0, se encuentra con una Madre en versión compatible, que es la Madre 3.0 que también es más lista que el hambre y los tres hijos juntos. Y en esa Madre 3.0 hay una serie de características definitorias:

1) Es mucho más pasota ante las rabietas y al Hijo 3.0 le funcionan peor que a sus versiones anteriores. Y cuando el horno no está para bollos, sabe respirar y seguir como si nada (antes estallaba y punto. Ahora, estalla y coma… tampoco creáis que no estalla).

Foto del horno que sí está para bollos (concretamente magdalenas que hicimos ayer)
Foto del horno que sí está para bollos (concretamente magdalenas que hicimos ayer)

2) La Madre 3.0, es capaz de escuchar por encima de decibelios de gritos. Es decir, que pueden estar voceando alrededor, pero ella oye perfectamente una conferencia, la tele, la radio, la música o lo que se precie. Con los gritos de Hijo 1.0, sufría bastante, con 2.0 un poquito y con los de 3.0 (pobrecito mío) «ná de ná«.

3) La Madre 3.0 es algo más pasota ante problemas de alimentación, es decir, un día si no cenas no pasa nada, a acostar y punto. Y el Hijo 3.0 se fue dos noches a la cama sin cenar, y no volvió… A la madre 1.0 le daban los siete males cuando su enana no comía.

4) La Madre 3.0 no tiene ocho brazos, pero como si los tuviera. Es capaz de atender muchos problemas a la vez (creo que esto se da casi en las tres versiones, los brazos imaginarios «salen» al parir) y si no puede, pues vuelve a las características 1) y 2).

Una bellota y su hijo (mi enano siempre me trae a un pequeño con su mamá)
Una bellota y su hijo (mi enano siempre me trae a un pequeño con su mamá)

Ahora, que también os digo una cosa, los cortocircuitos en la Madre 3.0… ¡son chungos!, se necesita de servicio técnico y resetearla es más difícil que en versiones anteriores. Lo que realmente le ayuda es instalar otro programa en el ordenador, Padre 3.0, ambos se parchean mutuamente…

¡Buen fin de semana!

Por cierto, la imagen destacada es una foto que le hice a una pegatina camino del metro. Es gracioso porque es de una canción de AC/DC, que parafrasea el grito de los gladiadores: «los que van a morir te saludan», pero con el rock. A mi me anima, ¡es un grito de guerra!

 

El prospecto

Vamos a ver, que levante la mano quien sea capaz de doblar un prospecto y dejarlo tal cual venía de la farmacia. ¿Alguien? ¿nadie? ¿veo una mano por allí? ¿no? No, nadie sabe. Los prospectos son unos papeles que acompañan a los medicamentos, y que dobla una máquina que está especialmente diseñada (por el diablo o un familiar cercano) para dejar unas marcas inútiles que sólo sirven para despistar, porque no pueden volver a utilizarse, y nunca puedes dejarlo igual; parecido… a lo mejor, pero igual ¡ni de coña!Prospectos

A mi me ha pasado lo mismo con la barriga. Antes de tener niños, yo era una tabla, plana, nada de tripa… siempre he tenido la cadera ancha y la barriga a raya. Con mi primer embarazo engordé 20 kg, y no me los he quitado hasta bien entrado mi tercer retoño en años… Pero a pesar de adelgazar, el michelín está ahí… no es que tenga mucha tripa, pero he pasado de tabla a mini-fofez, y me ha costado asimilarlo.

He pasado varias fases:

Fase 1- Tripa post-parto: cuando di a luz, aluciné con la tripa que se me quedó. Me llevé mi ropa normal al hospital y fue un error total (con la consiguiente depresión), tuve que ponerme mi ropa de premamá para salir a la calle. Además cuesta un poco, porque cuando estás embaraza la tripota te mola. Cuando has dado a luz se queda totalmente amorfa y cuesta acostumbrarse.

Fase 2- Ropa más grande: cuando ya asimilas que cuesta un poco la recuperación, lo mejor es comprarte ropa más grande (o ropa Donpimponera, como yo la denomino). Yo tuve que comprar varias cosas de la talla 46, porque prefería ir cómoda y mi ropa anterior no me cabía ni en un dedo… Además no di el pecho a mis dos primeros hijos, y la recuperación me costó más.

Fase 3- Parece que vuelves a la normalidad: a día de hoy, parece que he vuelto a la normalidad. Pero ya os digo que el michelín está ahí, como parte de mi cuerpo. Y no me disgusta del todo, pantalón a lo Julián Múñoz, que disimula, y ¡asunto resuelto!… Una vez leí una entrevista a Kate Winslet, y me gustó una frase que dijo (no es literal, pero la digo como yo la recuerdo): «a mis hijos les digo que esta barriga, es la muestra de que ellos han estado ahí dentro» ¡Y tanto!

 

 

En modo suegra

Ya os comenté las cosas que hago en modo madre. Lo que he descubierto es que tengo un modo, un poco más chungo, que es el suegra. Sí, sí, habéis oído bien, he dicho suegra. Y os preguntaréis: ¿pero tus hijos no tienen 6, 4 y 2 años? Pues sí, son enanos, pero ya me ha salido la vena suegra y os cuento en qué dos situaciones me he dado cuenta:

Modo suegraSituación número uno: estoy con mis dos hijos pequeños en el patio del colegio, esperando para irnos a casa. En esto, que llegan dos niñas de la clase del mediano y le saludan candorosamente. El pequeño intenta entrar en la «conversación» y una de ellas dice: «no somos amigas tuyas, somos amigas de tu hermano» Pero… ¿de dónde ha salido esta niñata? y lo mejor ¿porqué pone el mediano esa cara de pánfilo? Y lo peor: ¿porqué pienso yo que esta niña es una mamarracha? Pues el modo suegra es la explicación. Lo que me devolvió a la realidad fue que mi hijo me dijo: «Mamá esta es mi amiga Galletona» (pobre Cayetana, que no saben decir su nombre).

modo suegra 3Situación número dos: mi hija mayor, que tiene una peonza con la que le encanta jugar en el cole, perdió una tapa amarilla que cubre la punta. Llegó un día a casa diciendo que un niño de su clase había encontrado la tapa y estaba realmente emocionada por el maravilloso hallazgo. Pero… «¡hija, esta tapa no es de esta peonza!» y en modo suegra, que ya os he dicho que es un modo chungo, mi pensamiento era: «este… te está haciendo la trece, catorce… ¿dónde va con esa mierda de tapa? ¿qué espera a cambio? ¡a mi niña ni te acerques, buscón!«

Pues ya veréis cuando las criaturas tengan 15 años, o cuando se casen… ¡uhhhh! no lo quiero ni pensar (que se agarren al asiento los yernos y nueras).

Modo suegraPor cierto, si en modo madre pongo unas fotos que nada tienen que ver, en modo suegra ¡ni os cuento! ¡qué bonito es el invierno!

En modo madre

Cuando estoy en modo madre, tengo una forma concreta de actuar, me explico:

– En modo madre no soy muy consciente de la hora y contesto whatsapp a las 6:00 a.m. (hora a la que me levanto). Porque pasa que, en modo madre a las 22:00 o estás sobando o estás planchando con el móvil sin sonido (o apagado). Y cuando te levantas por la mañana, el resto de personas que están en modo normal, han escrito mensajes. Yo no me resisto, y contesto…

foto entrada1 (1)– En modo madre conduzco como una loca camino casa-cole, y como una tortuga reumática camino cole-casa.

– En modo madre, cruzo los semáforos como debo, es decir, en verde para los peatones. Aunque esté desierto y no se vean coches en 20.000 km a la redonda. Y os aseguro, que cuando no estoy en modo madre, cruzo como una auténtica loca sin cerebro.

– En modo madre sufro todas las mañanas con el cepillo de dientes de luz del Mercadona (imagen destacada)… sí, como suena. Tengo el dilema de dar la lucecita de las narices, que son dos minutos que se me hacen eternos, porque hasta que no se apaga, no se mueve nadie del baño. Maldita la hora en que lo compré, porque ahora no puedo deshacerme de él, a mi enano le chifla. Realmente ¿alguien se tira dos minutos frotándose los dientes?.

– En modo madre (de la naranja, que es modo-madre-a-la-enésima-potencia) me entero el 10 de octubre que el 11 no habrá cole, porque pasan la fiesta del Pilar (que caía en sábado) al viernes… Ejem, a las 18:00 p.m., llamo a la Escuela Infantil donde conseguí mi título de Madre de la Naranja y les pido asilo político (¡siempre me lo dan, gracias!).

carril bici– En modo madre, suelo hacer cosas sin sentido, como poner fotos en este post, que nada tienen que ver con el mismo. Pero son fotos que hice el fin de semana cuando salimos con las bicis y los enanos, y no sabía donde colarlas…(¡qué bonito es el otoño!). Tenéis que dejarme, que estoy en modo madre.

 

Malabares

Tengo que hacer malabares, con muchos elementos todos los días: Marido + Hijos + Trabajo + Casa + Seguir Siendo la Misma (que no es el blog, sino ese tiempo para mi) + Descanso + Deporte + Familia + Amigas… (Precaución: no se os ocurra poner horas, porque entre las ocho horas de trabajo y las ocho supuestas de descanso, sólo quedan ocho para todo lo demás y es mortal) Cada una tenemos un sumando, pero malabares tenemos que hacer todas…

Malabares

A veces conseguimos cierto equilibrio, pero llega un momento que…

Al suelo

Por eso, al comenzar el curso, hago propósitos y los resumo en dos:

1) Poner orden: lo primero lo importante (no lo urgente). Esto me cuesta muchísimo.

2) Establecer un objetivo: la felicidad y no la perfección

Mujer feliz

Y creo que conseguiré:

Partitura definitiva

O eso espero, os iré contando…

a trabajar

¿Qué hacía antes de ser madre?

Pues ME ABURRÍA. Así de claro. No sé si a vosotras os pasaba, pero yo en mis «tiempos mozos» decía muchas veces eso de: «puf, me aburro» y si ahora pudiera dar marcha atrás, cogería a la Maribel aburrida de 20 años, y le pegaría dos buenos bofetones.

Y si hoy, me dieran un euro cada vez que me dicen: «hija, con estos tres no te aburres«, el premio Planeta me parecería chatarra al lado del pastizal que me llevaría con la frasecita. Y aunque es verdad que a veces me lo dicen y pongo cara de circunstancia (más que nada, por lo cansada que estoy de oírla), reconozco que tienen toda la razón, no me aburro ¡para nada! A veces lo paso bien, otras no tan bien, pero… no me aburro, de verdad, os lo digo, ¡estoy entretenidísima!

No es para nada una queja, porque en serio que ahora me lo paso pipa con mis enanos, pero si pudiera hacer una comparativa diría:

– Los fines de semana antes de tener niños, me levantaba tarde y estaba más bien «ensobiná» todo el día. Ahora madrugo todos y cada uno los días de mi vida. Y casi lo prefiero, porque los fines de semana los aprovecho mucho más… la verdad.

– Antes era la «devora-libros» y veía películas en el cine fin de semana sí, fin de semana también. Ahora leer un libro me cuesta un triunfo y la última vez que fui al cine dije la típica frase de madre a la taquillera: «que cuesta ¿cuánto? ¡¡Pero si la última vez que vine eran 7 euros!!»

– Antes me bañaba en la piscina tranquilamente, tomaba el sol al salir, nadaba… Ahora, el día que me he lavado el pelo, nado a braza con la cabeza por fuera para que «dure» limpio (lo que yo denomino: natación de vieja, que cuando lo hacía mi madre me partía y ahora… pues a tragarte las risitas, ¡lista!) y el culo no toca la toalla…

– Antes tenía un coche de tres puertas (no voy a llamarlo deportivo, porque era un Seat Ibiza) y ahora tengo un Citröen Xsara Picasso, que me encanta porque es el coche más cómodo del mundo.

Mi deportivo firmado

– Antes escuchaba la música a todo trapo en el coche, y tenía mil CD’s de todo tipo de música (rock, pop, incluso heavy que le encanta a mi marido), y hoy escucho: Cantajuegos, Soplete, los payasos, canciones infantiles, y otros tantos «greatest hits» de mis enanos. Y lo peor es que lo escucho, incluso cuando ya no están los pequeños en el coche (no me doy cuenta, y me tiro media hora con esa «maravilla», y ¡encima canturreo!).

… Y así podría seguir eternamente, para llegar a la misma conclusión: antes… ¡ME ABURRÍA! Ahora tengo cuatro razones para pasármelo «¡en pipa!»

 

 

Los parientes

Mi hija considera que un pariente no puede ser malo. Me explico: viendo El Rey León, le comenté a mi hija que Scar era tío de Simba, y ella contestó: «No mamá, Scar no puede ser el tío de Simba, porque es malo…».

La última película que hemos visto es Gru, mi villano favorito (la primera parte) y ante un flashback en que Gru le comenta a su madre que va a hacer un cohete para ir a la luna, y la madre resopla y pasa olímpicamente de él, le dije a mi hija: «¡qué mala es la madre de Gru!» a lo que ella contestó: «No es mala mamá, es su madre».

O sea, que para mi hija no hay cuñada, hermana, madre, tío o parentesco (hasta primer grado de consanguinidad) que pueda ser malo, ni por asomo. Por eso, aunque pensé en comentarle que eso no tiene que ser así, que tu cuñada puede ser chunga, que tu hermano puede jugártela o que tu madre puede pasar de ti, me gusta más su actitud. Al fin y al cabo tiene razón, por encima de malos rollos, son padre, madre, suegra, abuela, tía, hermana, hijo… ¡son nuestra familia!

Le he pedido a mi hija que dibujara una familia, y lo ha hecho en el megasketcher, y me ha dicho: «mamá, la casa es más pequeña porque está lejos» (¡toma perspectiva!)