Las profesiones

Hace unos meses, en el cole de mi hija mayor, nos pidieron a los padres que fuésemos a hablar a los niños sobre nuestra profesión. Yo me lo platee, y mi marido también, pero la realidad es que no me sentía con fuerzas de hablarles a niños de cinco y seis años sobre la economía y los impuestos (trepidante mundo en el que me muevo a diario) y mi marido, también economista, tampoco.

Cuando mi hija me preguntó si íbamos a ir, y le dije que no, ella consideró que el problema era que no teníamos profesión, y que por eso no podíamos relatar nada.

Las conferencias empezaron con un tío piloto, una madre médico, un padre militar, una madre diseñadora, un músico… una tarde mi hija me preguntó:

–          Mamá, el abuelo ¿es deportista?

–          No hija, ¿Por qué lo dices? (explico que mi padre está jubilado y sale a correr todas las mañanas. Alguna mañana le habrá visto con ropa deportiva).

–          ¿Qué pasa mamá? ¿nadie de nuestra familia tiene una profesión?

–          Sí hija, papá y mamá somos economistas.

Su cara de auténtica decepción se me quedó grabada… es que para mi hija, todavía hoy, ser economista no es una profesión…

Pero hay una cosa que dice, que es muy curiosa. Cuando alguien le pregunta qué quiere ser de mayor ella tiene varias respuestas: médico, profesora, cantante… y a todo le añade: madre. Siempre dice: “voy a ser cantante y madre / profesora y madre / médico y madre”. Para ella, ser madre sí es una profesión (¡qué razón tiene!).

profesiones

¡Me cag… en su madre!

El otro día, una amiga me dijo que se quería cagar en la madre de alguien (sus razones tenía, desde aquí un besazo) y recordé porqué hace exactamente dos años y medio que no utilizo esa expresión (y se lo conté a mi amiga, necesitaba reirse).

Cuando di a luz a mi tercer hijo, el parto fue bastante rápido y muy fácil. Nada más nacer me dieron al niño y estuvimos un rato “piel con piel” (por cierto, pensé que era algo a lo que te acostumbrabas, pero es mágico así lo hayas vivido una, dos ó cinco mil veces).

Estaba yo tan encantada, abrazando a mi chiquitín cuando dice una enfermera: “¡vaya, se ha cagao!”. ¡Madre mía! el meconio es superpegajoso, verde-negro y bastante desagradable… La enfermera empezó a limpiarme con gasas, con toallitas, con sábanas húmedas… al final tuvo que ir a por una esponja y jabón…

¡Pues sí que empezamos bien! cuando sea más mayor y alguien le diga que se caga en su madre, puede decir cargado de razón: “¡Ahórratelo, que eso ya lo he hecho yo!”

Por cierto, explico el dibujo que ha hecho mi hija. Le he pedido que me hiciera una embarazada en un hospital, y como me dice que no sabe hacer una embarazada, ha hecho una enfermera dentro y fuera una señora con un bebé (¡que le gusta más!)

Arenita, arenita mágica

Y eso espero, que la arenita del parque sea mágica, porque odiosa es un rato.

Os confieso que NO SOPORTO la arena de los parques. Y espero que sea buenísima y desarrolle la inteligencia de mis hijos hasta el infinito, que les estimule lo que no está escrito; porque alguna razón tiene que haber para que la maldita arena esté presente en parques, jardines, el cole, la guarde y todos los sitios donde mis hijos ponen sus benditos pies.

Y no os exagero cuando os digo que con la arena que he sacado de los zapatos de mis hijos en estos últimos 6 años, podría hacer una playa artificial en el Manzanares. Hablé en su momento con el alcalde y le dije: “¿Qué es eso de Madrid-Río? ¡haga Madrid playa, que yo le doy la arena!

Y es que esa condenada arena está por todos los rincones de mi casa, está en sus zapatillas no importa las veces que las sacudas… La siguiente foto es una muestra de lo que le saqué ayer a mi hijo de UNA zapatilla:

Arena en el suelo

Y después de sacudirlos, se los vuelvo a poner y al irles a bañar, me encuentro con que las zapatillas ¡siguen teniendo arena!

Zapatilla con arena

Y el suelo tiene una película que resbala, que es como un polvillo… y no es otra cosa que la persistente arena.

Y cuando lavas los calcetines, los metes en la secadora, los das la vuelta y… ¡sale arena! Que para mi que las cajas negras de los aviones deben estar hechas de arena, ¡es indestructible!

Y te vas a meter en la cama, y notas como las sábanas tienen un “efecto peeling“, generado por la arena que tu hijo debe llevar impregnada no sé dónde… (y no sé cómo ha llegado hasta aquí).

Y pasas el aspirador y… toma raya que te crió, con una china de esas gordas que ha salido de un zapato y que no sé cómo les permiten andar…

¡La arena es asquerosa! mi hija vino el otro día triste y me dijo: “¡Mamá, en el recreo de primaria no hay arenero!“,  y claro… mi respuesta (con sonrisa irónica): “Ay hija, ¡qué peeeenaaaaaa!

Hace tiempo que le digo a la gente: “a mi dame una de cal, pero la de arena PARA TI

 

 

La araña escorpión

Mi hija mayor vino el otro día del cole diciendo que había visto una araña-escorpión. Y yo le pregunté: “hija, ¿cómo era?” y en su descripción me dijo ¡que volaba! “son muy peligrosas mamá, me lo ha dicho Alejandro” que por lo que se ve es el entomólogo del grupo. Se la han encontrado en el patio, y un valiente sacó la pala del arenero y, jugándose la vida, cogió a la venenosa araña escorpión y la hizo volar. Me quedé tan alucinada con la historia, que le pedí a mi hija que me dibujara al temido arácnido y aquí os dejo la muestra:

 dibujo araña

Sinceramente, ¡me parece una monada! En un principio se pensó si pintarla de color negro (hubiera tenido una pinta mucho más amenazadora. Más parecida a la foto que he puesto al principio), pero finalmente me pidió el naranja. Es muy graciosa, porque me preguntó: “mamá, aunque no se le veían, ¿le puedo pintar ojos, cejas y una sonrisa?”

Día de reunión

Hoy reunión a las 8:30. Propósito: dejo el traje preparado por la noche y me levanto a las 6:00 en punto. Realidad: no he preparado nada y apago el despertador dos veces… me acabo levantando a las 6:15, porque el pequeño me llama: ¡¡maaaammmmiiiiiii!!!!!!

Bueno, intento remediarlo. Prepararo el desayuno rápido, y ya me ducharé cuando terminemos. Colacao, tostadas, ¡venga, que hay prisa! (parezco la abuela de la fabada). Mi marido me ayuda, menos mal, porque no hubiera terminado en la vida. Ya son las 6:55.

A vestirse… falta la mayor por levantarse: “¡arriba! ¡venga!” (otra vez venga). Bueno, puedo poner la ropa a la niña sin que se haya despertado… los calcetines, el pantalón…

Voy hacia mi habitación, tengo que preparar el traje: la camisa que quería está sucia, la chaqueta en el tinte… bueno, cambio de planes, me pongo una falda y otra camisa, medias y punto… sin chaqueta, que ya hace calor…

Me voy a duchar y me lavo el pelo, cuando salgo de la ducha los dos pequeños ya están vestidos, pero la mayor está sin peinar (mi marido se apaña con todo, menos con los pelos largos).

Son las 7:15, no vamos mal… Antes de salir de casa nos lavamos los dientes, yo me maquillo en ese momento… ¡todos al coche! el peque a la guarde (sin mochila, bueno… saben que soy la madre de la naranja), los mayores al cole, besos, “pasadlo bien”, “luego vengo a buscaros”… Por cierto, de calor nada, ¡hace una rasca!… pongo la calefacción en el coche y resuelto.

8:27 llego al trabajo y en el espejo del ascensor me doy cuenta de que: se me ha olvidado peinarme, no me he puesto rimel, tengo una carrera (como las medias son color pierna, no se nota mucho), hay mocos del pequeño en la camisa y una mancha de cola-cao en la falda (¡de un abrazo en la pierna del mediano!). Tengo tres minutos y una decisión: ¿pelo, medias, rimel o manchas? y elijo peinarme…

despeinada

El espíritu de Heidi

El espíritu de Heidi es una sensación de felicidad absoluta, como esa niña que a pesar de su orfandad, un abuelo gruñón y un curro de 6:00 a 20:00 h en los Alpes (¡con buena rasca!), sonríe, es feliz, está contentísima y ríe y ríe en ese columpio que cuelga desde el mismísimo cielo… ese espíritu me invade en esa hora de compra (importante: cuando voy sola, con los niños me invade otro espíritu).

¡Qué momentazo! mi C4 Picasso me parece un Ferrari. Tengo una hora para comprar corriendo, pero me encanta.

Me subo a mi coche, quito el CD del Cantajuego, pongo un disco de los míos (ayer por la tarde Bruno Mars) y ¡rumbo al paraíso!

Y si no tengo un euro (ni cincuenta céntimos) para el carrito ¡no pasa nada! ¡yolorolorojiju!

Y si una señora me quita el último ejemplar de bolsas de basura con autocierre y me las llevo sin autocierre… ¡yolorolorojiju!

Y si mientras voy con mi carro, pensando en mis cosas, me atropellan el pie y me despellejan el talón¡yolorolorojiju!

Y si la cajera me dice: “esta caja está cerrada” y entonces hay que dar marcha atrás con movimientos espasmódicos, propios de quien mueve toneladas de comida, leche, pañales…¡yolorolorojiju!

Y si coloco la compra, la meto en bolsas, las vuelvo a meter en el carro y misteriosamente el papel higiénico y una caja de leche ¡no caben! y el rumano de la puerta me ofrece su ayuda y yo le digo: “no gracias, puedo sola, no se preocupe“…¡yolorolorojiju!

Y si yendo hacía el coche, las galletas caen justo delante de las ruedas del carro y, al no poder reaccionar a tiempo, las arraso y las dejo como base de tarta de queso, y poco más…¡yolorolorojiju!

Y si cuando llego a casa no hay parking en la puerta y entonces:

1) Aparco en vado

2) Bajo los 5.000 kg. de compra a la acera

3) Llevo la compra al portal

4) Meto la compra en el ascensor

5) Llamo a mi marido al móvil: “la compra va en el ascensor, sal a buscarla

6) El vecino del primero: “¿esto qué es?” “Es mi compra, ¡no la toques!” (pero… ¡quién coge el ascensor en un primero!)

¡YOLOROLOJIJU!

heidi y niebla

No pasa nada. Sonrisa, cara alegre, felicidad total… es una hora que me encanta, que disfruto. Y como broche final, mientras coloco la compra, en mi cerebro resuena esta canción:

Mochimó tiitana, onamocotá achitanaaa, matéeeee de goda ummmm, oh oh, gona si namateré curú…” (Perdonad mi japonés, pero pierde mucho con el teclado occidental)

Conciliarte

Para mi conciliar es compatibilizar la familia con el resto de nuestro mundo. No sólo necesita conciliar el que trabaja fuera de casa, al fin y al cabo el amo/ama de casa, también trabaja.

Para explicar mi teoría, considerando que soy economista, yo equiparo la familia a una empresa. Las empresas, como las familias, se constituyen de muy diversas maneras: Sociedad Anónima, Sociedad Limitada, Cooperativa, Comunidad de Bienes, Autónomos… Cada una con sus estatutos, sus normas, sus Recursos Humanos, sus directores, sus socios, sus empresas subcontratadas…

Por tanto, partiendo de esta base, os doy unos consejos que a mi me han ayudado:

1) Los socios de esta empresa, excepto en el caso de los autónomos, son dos. Dos se han puesto de acuerdo para arriesgar su capitalmontar la empresa y dos la tienen que sacar adelante. Dicho esto, os digo un secreto: los hombres pueden hacer de todo. Sí, sí, habéis oído bien, ¡de todo! y muchas cosas ¡mejor que nosotras!. Esto tenemos que aceptarlo, porque muchas veces no ayudan porque no les dejamos, pensamos que nosotras lo hacemos mejor. ¡Pues no! mi marido que no sabe combinar ni un color y me viste a los niños de una manera “diferente” y para él hacer una coleta es “misión imposible” pues… viste a los enanos y los peina “a su manera” (ha descubierto que la niña con una diadema está ¡ideal).

Haciendo camas

También podemos decidir entre los dos qué se nos da mejor a cada uno, y repartirnos las tareas. Pero es importante que los socios se involucren (ambos) en la familia. Y muy importante estar todos “en la misma onda” en la educación de los hijos.

2) La gestión del tiempo es importante: los socios deben pasar tiempo juntos, tiempo con la familia y tiempo personal. Y para esto es fundamental no sentirse culpables. Por ejemplo: he quedado con mis amigas y el pequeño es un poco “petardo” para dormir, “¿cómo le voy a dejar solo con mi marido? pobrecillo“¡De eso nada! (releer punto 1) empiezas a dejar el tiempo que necesitas para ti y eso te va amargando, y acaba siendo una mala solución para todo el mundo.

El tiempo que tenemos para la familia suele ser escaso, así que yo intento estar de buen humor en esos ratos. Los malos rollos del trabajo, por ejemplo, se quedan en el curro. Y darse abrazos, hacer deporte juntos (nuestro reto de bicis), ayudarnos, querernos, ver la tele, desayunar… Nosotros hemos establecido cenar con los niños los días que podamos y en ese momento aprovechamos y nos contamos nuestras cosas.

jugando

El tiempo con el socio es fundamental, una amiga mía me dio una fórmula de mínimos: 1 minuto al día, 1 hora a la semana y 1 fin de semana al año. Podéis pensar que 1 minuto al día es poco… si lo medís os daréis cuenta que hay días que no nos ha dado tiempo ni a decirnos “hola“. Se necesitan momentos “de adulto” y las salidas semanales tienen que ser fuera de casa, para poder hablar tranquilamente (recordad el baby-dinner). Si se puede ir a cenar fenomenal, pero dado que la economía está chunga, un paseo o una caña son suficientes.

Pareja

Para la gestión del tiempo en mi casa hemos descubierto el calendario de Google, y estoy todo el día enviando citas a mi marido (de las quedadas, las citas del pediatra, los cumpleaños…), es importante estar informado con tiempo de todas las tareas a realizar, para organizarnos el día y ver disponibilidades.

3) Los hijos son nuestros Recursos Humanos: les podemos moldear mientras son pequeños, les formamos y les preparamos para “buscarse la vida“. Pero no nos pertenecen y un día se irán y montarán su propia empresa. Nuestros Recursos Humanos están en la empresa sin entrevista previa (son una especie de “enchufe“), y tenemos que buscarles el departamento adecuado a su forma de ser y a su potencial. Cada uno es diferente, ahí está una de las maravillas de esta empresa: la diversidad.

Otras empresas nos prestan su ayuda, son los abuelos y familia cercana. Es importante recordar que en nuestra empresa deciden los socios, y nadie más. Los abuelos, principalmente, son una gran ayuda y un gran ejemplo para los niños. De los abuelos se aprenden cosas que no puede enseñar nadie más, son un pilar fundamental de nuestra empresa y de nuestra historia. Tienen permitida la “malcrianza“como parte de su modus operandi.

4) La subcontratación es necesaria: para las tareas del hogar y del cuidado de los hijos. Esta teoría de la familia-empresa, considera que hay que establecer preferencias e intentar subcontratar aquellas tareas que consideremos accesorias. En mi caso, tengo subcontratada la plancha, que es lo que me permite mi economía. Y de vez en cuando, algún canguro subcontratado a primeros de mes, para una “reunión de socios”.

Como resumen:

Conciliación = Delegación (no soy superwoman, no tengo que hacer todo) + preferencias (hago lo importante y subcontrato lo accesorio, en la medida de mis posibilidades) = Familia feliz.

Y recordad: ¡Zamora, no se ganó en una hora! A conciliar se aprende conciliando y requiere práctica. Seguro que vosotras también tenéis vuestras técnicas.

¡Qué disfrutéis de lo que nos queda de semana!

Familia Casa

La historia de la madre de la naranja

¿Quién es la madre de la naranja? la historia tiene guasa:

Al final del curso, en la guardería, las profesoras habían hecho un montaje con fotos de los niños. Cuando habíamos acostado a todos los enanos, su padre y yo pusimos el CD en el ordenador y comenzamos a verlo. ¡Qué montaje tan bonito!: disfrazados, jugando, en clase atendiendo, preparando las funciones… Todo nos encantaba. También había fotos de fiestas de cumpleaños de los niños de la guarde, alrededor de las mesitas del comedor, cantando cumpleaños feliz a un compañero que soplaba la vela.

Cada cumpleañero tenía una tarta diferente: de bizcocho cubierto con chocolate, de nata y fresas… “Pues sí que les preparan buenas tartas en la guardería ¡qué majas!”, pensé. Pero cuando llegó la foto del cumpleaños de mi hijo, se nos cayó el alma a los pies, porque tenía ¡una naranja con una vela! Las tartas no las preparaban en el cole, las llevaban los padres ¡Qué triste verle soplar la vela de su naranja! ¡soy la madre de la naranja!

No habíamos ido a la reunión de principio de curso, donde se aportan datos útiles como que, en el cumpleaños de los niños, los padres llevan tarta, bizcocho o lo que quieran, para invitar a los compañeros.

Conste que esta metedura de pata fue con el mediano. Para el cumpleaños del pequeño preparé un bizcocho de chocolate que no me cabía en el coche.